La guerra por los niños: ¿ángeles o demonios?
Bajo peligro de ser tildado de "clasista", me atreveré a comentar acerca del "niño pistolero" de Talca. Y no es que me llame la atención en particular, sino que es precisamente eso, que leer este tipo de noticias se ha convertido en una constante. Sino, recuerden ustedes el caso de las llamadas "arañas", las pergenias que se dedican a robar en departamentos de la zona oriente de Ciudad Gótica, y otros donde generalmente están involucrados menores de edad.

Me sorprende lo que su madre declara al diario, y con la convicción que lo hace. Si todos sabemos los hijos que tenemos. Todos sabemos cuando uno mete las patas, cuando es un geniecito o cuando es natre. Claro que no hay que achacarle toda la culpa a la pobre señora, al fin y al cabo es su madre, y para ellas no hay cabro malo. En fin, es una guerra para que se conviertan en ángeles y no en demonios.

El problema, desde mi punto de vista, es que definitivamente en Jaguarlandia faltan incentivos para que los cabros se dediquen a otras cosas más sanas, como el deporte (siempre que no sea fútbol o tenis); al baile, a los scouts, qué sé yo... Hay todo un mundo, pero al que la mayoría de los pergenios no puede acceder ya sea por falta de información, porque la gente que se dedica a estas actividades es muy poca o, sencillamente -y creo que es la más correcta-, son actividades que no tiene "retorno" en dinero, por lo tanto poco lucrativas. Siempre es más lucrativo que salgan en las portadas de los diarios por los delitos que, quizás, por actividades de otro tipo.

Y para que no se diga que escribo por hacerlo, puedo citar ejemplos de pingüinos y pingüinitas de la misma edad que se dedican a otras actividades: a practicar esgrima, por ejemplo; baile Flamenco, actividad de larga data en Chilito; conjuntos folclóricos infantiles, como Los Maipucitos, por ejemplo; los scouts -es cosa de que los sábados los busquen-; cheers leaders, etc. etc. No me vengan con cuento que no hay nada que hacer para los cabros...